Dermoabrasión

La dermoabrasión es un tratamiento exfoliante utilizado para mejorar el aspecto de la piel, especialmente las cicatrices del acné y las finas líneas del rostro. También se utiliza para tratar cicatrices superficiales causadas por cirugías o lesiones, cambios de pigmentación en la piel, daño solar, manchas de envejecimiento, eliminación de tatuajes y engrosamiento de la piel, como la rinofima.

La dermoabrasión casi siempre la realizan dermatólogos y cirujanos plásticos, de forma ambulatoria. Implica recibir anestesia y utilizar un cepillo de alambre, fresa o dispositivo similar, que gira y raspa la superficie de la piel para eliminar las capas externas. Después del procedimiento, la piel normalmente crece de nuevo transcurridos de cinco a ocho días. Esta nueva piel es de color rosa o roja, un tono que se desvanece en las siguientes seis a doce semanas.

Mientras la piel se está curando, es indispensable un cuidado apropiado de la zona tratada. A fin de evitar la infección, se debe limpiar la piel varias veces al día. La herida debe mantenerse húmeda cambiando el ungüento o cubriéndola con un apósito. Debe evitarse la exposición al sol, e incluso cuando se haya terminado con el peeling, debe utilizarse protector solar a diario dado que la piel se vuelve mucho más sensible. Es necesario realizar el seguimiento con su médico durante varias visitas para asegurarse de que la piel se recupera y vuelve a crecer.

Entre algunos de los riesgos asociados con la dermoabrasión se incluyen: sangrado, inflexión, erupción cutánea, enrojecimiento, inflamación, cambios en el tono de la piel y acné. Aunque la dermoabrasión es un medio para lograr un aspecto más juvenil, no es apta para todos. Hable con su médico para determinar si su piel es compatible para esta forma de tratamiento, o si otro se adapta mejor a usted.